Recursos Humanos (El juego)

Por Gran Pitufo - 15 de Julio, 2006, 21:42, Categoría: mundo

Todo esto de aquí abajo tiene que ver con un juego que se propuso en http://eccehomoblog.blogspot.com

La idea es escribir o hacer un lo que sea que tenga como núcleo temático estas dos palabras: marioneta y sacrificio. Pese a ser incapaz de escribir nada que tenga algo parecido a un núcleo temático, éste es el resultado:



Recursos humanos

Cita ambiental

"Os lo digo, infelices, jodidos de la vida, vencidos, desollados, siempre empapados de sudor; os lo advierto: cuando los grandes de este mundo empiezan a amaros es porque van a convertiros en carne de cañón."

-Louis Ferdinand Céline

Preliminares

Estaban todos los simios escarbando entre las raíces, buscando algo que llevarse a la boca cuando de repente uno se convirtió en humano. Como no hubo luces blancas cegadoras, ni los cielos cantaron, ni aquel bicho -para qué nos vamos a engañar- era ninguna lumbrera, nadie -ni siquiera el humano- se dio cuenta del cambio.

Tampoco era fácil. Pero si hubiera estado más atento, cuando en su vejez se detuvo a preguntarse qué le hizo diferente al resto habría podido recordar como súbitamente concibió un nuevo concepto. El concepto de recurso. Con esta herramienta todos los problemas se reducen a gestionar los recursos disponibles, ya sean los ingredientes de un cocido, máquinas pesadas u otras personas. Para conseguir los objetivos a veces hay que combinar algunos  recursos y a veces sacrificar otros; ésa es la idea.


Natalia

Natalia nació en un pueblo de Cuenca. Cuando creció un poco le pareció que había tenido mala suerte. Aquello no le gustaba nada. A poco que tengas una cierta inclinación por la vida privada, la existencia en los pueblos te puede parecer miserable y mezquina, y eso es lo que le pasaba a la joven Natalia. La vida de sus vecinos -que no podía evitar conocer- le repugnaba casi tanto como lo que preveía que sería su vida futura.

Cuando tenía quince los vecinos la descubrieron junto a unos matorrales con la cabeza de un muchacho entre sus piernas. En el pueblo se recuerda todo de todos. Cargas con todas tus decisiones durante toda tu vida. Lo aprendió bien pronto.

Por suerte -pensó- le quedaban muchas decisiones. Así que tomó la determinación de marcharse a Madrid en cuanto pudiera.
Pero mientras tanto aprendió a hacer lo que se esperaba de ella. A llevar zapatos aunque prefiriese ir descalza. A decir siempre que sí. Cuando aprendes a pensar con la cabeza de otro es cuando puedes estar seguro que no se va a disgustar. Así que al principio asentía y sonreía aunque tuviera ganas de cagar sus tripas. Con el tiempo ni siquiera le molestaba. Una chica adorable. Buena estudiante. Una marioneta.

A principios de un mes de septiembre se marchó a la ciudad, cantando. Le pareción que el camino más seguro para no tener que volver era estudiar una ingeniería, y eso hizo. Sólo se acuerdan de su marcha los hombres del pueblo, la verdad es que estaba bien buena.

César

Para cuando Natalia entró en SDL César ya hacía tres años que trabajaba allí. Era un ingeniero de la nueva hornada. Despreciaba a la generación anterior porque les gustaba su trabajo y fuera del trabajo le ponían un GPS a la GameBoy. Él había elegido la ingeniería porque quería llegar lejos, pero en realidad se consideraba un follador, en el sentido amplio, si es que hay más de uno. Quería comerse el mundo,
cantaban sus amigos. Para él todas las cosas eran recursos. Ya se sabe: combinar unos, sacrificar otros, lograr el objetivo.

Se pasaba el día palpándose los dorsales. Estaba muy orgulloso de su trabajo en el gimnasio, de sus brazos poderosos y su cuello grandioso, que sus compañeros despreciaban. Los jefes eran otra cosa, quedaban impresionados del joven ingeniero vigoroso. ¡y qué brazos tiene! Le preferían sin duda. Aunque no tuviera ni puta idea.

Se ganó a Natalia en seguida. Le enseñó como iba todo, le ceía el pasoa ante las puertas, le pedía ayuda en cosas fáciles para que se sintiera útil, le dejaba ganar en el futbolín de la cantina. Ella se sonrojaba y hacía lo que se esperaba de ella. Le gustaba pensar con la cabeza de César.

Sólo pasó un mes hasta que se la tiró. Dos hasta que ella accedió a ofrecerle el culo. Una buena relación.

Resolución

Como tenía unos pechos bien turgentes, al año de trabajar en SDL ascendieron a Natalia al departamento comercial. Hablar de los productos, convencer a los clientes, viajar. Un recurso humano que siempre hacía bien lo que le pedías. Sonreía amable y pensaba con la cabeza de los clientes mientras les miraba a los ojos. Un buen par de tetas. ¡Las ventas mejoraron mucho! Hay cosas que nunca cambian.

El jefe de comercial cada vez estaba más contento con ella. Tan contento que, un día, tras celebrar una venta, llamó a la puerta de su habitación del  hotel y acabó violándola con la cara apretada contra la moqueta.

A César también le iba bien en el trabajo. Estaban a punto de hacerle mánager. No tenía ni puta idea, pero no importaba, los jefes tampoco, y a los demás ingenieros no había quién les entendiese. Al menos César se regía por las mismas pasiones y objetivos que los humanos normales. Era un buen recurso.

Seguramente por eso, cuando Natalia le contó temblando como la habían forzado, en lugar de consolarla se enfadó con su mala suerte. Ahora que estaba a punto de lograrlo llegaba esto. ¡qué gran putada!

Estaba furiosa. No había manera de que lo olvidase y lo dejase correr. Estaba desconocida. ¡Empeñada en pensar con su propia cabeza! No se dejaba convencer. Quería denunciar a su jefe ¡quería que le reventase la piel, que la tierra tragase su sangre! ¡Acabar con todo!
César apretaba los dientes,  los músculos en tensión. No había forma de tranquilizarla. Quería justicia. Cuanto antes. Ir al juzgado o sacarle los ojos con las uñas. No quería esperar, no quería hablarlo.  No entraba en razón. César veía como el problema se le iba de las manos. La sangre bañaba sus músculos.

Necesitaba coger algo con fuerza. Su cabeza. La tiró al suelo. Su pelo arrancado se le quedó enredado en el puño. Empezó a darle patadas en la cabeza. Natalia gemía. Al principio trató de protegerse. Siguió dándole patadas hasta que todo quedó en silencio.

Sólo permaneció el resuello de César.

De repente, como pasan todas las cosas, se acordó de una
cancioncilla y, sin poder evitarlo, se le escapó la risa.

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