mundo

La vida como tomate del Caprabo

Por Gran Pitufo - 1 de Agosto, 2006, 22:19, Categoría: mundo

Cuando vivía en España, alguna vez que fui temprano al Caprabo me encontré a una chica pasándole un plumerito a los tomates y espantando las moscas que zumbaban sobre las berenjenas. Llegaba el momento del consumo, tenían que parecer apetecibles, que te entren ganas de consumirlos. La presentación es importante.

Yo también soy un tomate.

Todos los días me levanto más temprano de lo que querría, me ducho, me despejo, me lavo los dientes, me visto con ropa limpia. Y me marcho a que me consuman. A que me consuman la mejor parte del día, la parte en la que puedo rendir, en la que aún soy capaz de concentrarme.

No sé quién me consume exactamente. Hay un superjefazo en Nueva York, pero no es él el que me paga. El dinero viene de los que invierten: bancos y planes de pensiones, supongo. Si tienes dinero en el banco es posible que me estés consumiendo. De hecho es muy probable que sea yo mismo el que me consume.

Cuando vuelvo a casa, diez u once horas más tarde, valgo para poco. Me quedan seis horas antes de ir a dormir, antes de lo que querría. Seis horas que me saben a nada y a pizza congelada. Pero que me sirven para descansar y poder ir al día siguiente fresco como una tomate, a que me vuelvan a consumir. La presentación es importante.

El erial de los hijos de puta

Por Gran Pitufo - 25 de Julio, 2006, 22:18, Categoría: mundo

Vengo aún más contento que ayer.

Resulta que me han demandado ocho mil euros porque viví en una casa muy barata porque estaba hecha una auténtica porquería (cera en las cañerías, oiga, los yonkis que vivían antes se iluminaban con velas) y no se me ocurrió hacerle fotos cuando entré a todos los desperfectos. Viví en una pocilga que por lo menos era barata y me compensaba.

Ahora el dueño la ha dejado como los chorros del oro y me pretende cobrar a mí los ocho mil de la reforma.

Gloria a ti señor Jesús.

Es inconmensurable la cantidad de hijos de puta que hay sueltos por ahí.

Para más inri, he llamado a mi padre para contarle el percal y he aguantado una charla de media horita que giraba en torno a dos ejes fundamentales:
  • Si fueras capaz de aprender algo del mundo aprenderías la sabia lección de todo esto y te volverías un hijo de puta como tu padre.
  • El que te ha denunciado, ¡ese sí que es listo!
Y finalmente ha caído un tercero:
  • Toda esa miseria laboral en la que te mueves también te enseñará cómo funciona el mundo y a dar una patada en los cojones antes de que te pidan la hora.
Cuando abrí esta cosa no tenía ninguna intención de convertirla en un diario, pero joder... ¿cómo es posible que me toquen todos los hijos de puta?

Esperando a que se acabe la mala racha y de forma secundaria, esperando también a que se acabe el día para poder ir mañana a que me drene la vida el jefe.

Nada alegre que contar hoy.

Un engaño

Por Gran Pitufo - 24 de Julio, 2006, 19:47, Categoría: mundo

Cuando me fui a Alemania lo hice con ilusión y, aunque esté mal que yo lo diga (no tengo muy claro por qué, pero tiene toda la pinta de estar mal... ¿será idea de algún padre de la iglesia?), con un par de huevos.

No tenía ni idea de alemán, pero me ofrecieron un trabajo de investigador y la tarea me parecía de lo más estimulante: desarrollar un sistema nuevo, probar una idea que parecía (y sigue pareciendo) prometedora, un desafío. Trabajar en la cresta de la ola, tratando de hacerla avanzar unos centímetros. Me parecía buena cosa, en parte porque en España no hay mucha investigación y me parecía que aquello sería una cosa estupenda.

El sueldo era mediocre, realmente una vez que pago el alquiler tengo que ir contando las monedas para comprar botes de habas, pero no importaba. ¡Era el momento de poner el pie en la puerta! Así que sin pensármelo mucho lo dejé todo y me fui de cabeza a Alemania, ese país en el que todo funciona, la tierra del progreso.

Tardé mucho, casi dos meses, en darme cuenta de que me habían vendido la moto. El sueldo era el mismo sueldo mediocre, no tuvieron los huevos de rebajármelo. Pero la tarea... ah, eso es otra cosa.

Yo tenía que mejorar un sistema del año 2000 que funcionaba relativamente bien (funcionaba bien un 98% del tiempo, lo que está bastante bien). Partir de ese sistema para hacer el mío, a ver si hacíamos el cacharro que iba el 99.99% de las veces.

A las dos semanas traté de encender el programa del 2000. No iba. Algo fallaba. Mi jefe me dijo... vaya, tendrá algún fallito, más de uno ha estado toquiteando ese código en estos 6 años (¡!) miralo a ver que le pasa.

Esa versión la había hecho un tipo que despidieron en el 2002, sin dejar ducumentación tras él. Es un programa monstruosamente grande indocumentado que tenía un fallo. Lo encuentro y listo. Eso pensaba yo.

Cinco meses más tarde lo he entendido todo. He encontrado unos 40 fallos. No he podido empezar con aquello de la investigación, del sistema nuevo. En lugar de eso, he estado navegando en un río de mierda, separando la diarrea de los excrementos sanos (espero que les guste la metáfora). Ahora mismo funciona un 90% del tiempo bien. Hay que seguir sacando porquería. Faltan más cosas, más agujas en el pajar. Hay parámetros que ajustar (aunque nadie sepa que significan se pueden ajustar, créanme, sólo hace falta tiempo).

También he descubierto que mi jefe necesita ese sistema para su trabajo. No hace falta atar muchos cabos. Contratas a alguien para hacer diseñar inventar una versión 2.0 y lo que tiene que hacer es reconstruir y parchear una porquería indocumentada que alguien que ya no existe estuvo haciendo durante 5 años y sobre la que más tarde pasó una manada de búfalos. Justo el trabajo que no tienes ninguna intención de hacer. Cuando acabe su contrato no tendrás problema en echarle, porque no habrá cumplido ningún objetivo. ¡Menudo imbécil, ni siquiera ha empezado!

Y así es como me la metieron doblada. Esa es mi tarea. Vivo solo en Alemania, trabajo 10 horas al día en una basura repugnante por un sueldo que no lo vale en absoluto y no hablo más que con mi jefe, que pone cara de... uf, es increíble que aún no funcione, qué inútil eres.

Ando buscando una religión, entusiasmo o, en fin, algo que me aleje de los lanzallamas. El humor... cada día es más agrio.

Por suerte, como decía la cita del post anterior, tengo la elasticidad emocional necesaria como para mantener mi depresión en unos límites que no entorpecen mi absurdo trabajo.

Supongo que fue eso lo que buscaban cuando me hicieron la entrevista.

La fiesta de la desfloración de mi hija

Por Gran Pitufo - 18 de Julio, 2006, 22:32, Categoría: mundo

Fuimos todos a la boda. Una boda como Dios manda. De las que ya no quedan.

Todos sabíamos que la novia era vírgen. No había lugar a dudas. Una tía maja, ex-legionaria de Cristo. O dama legionaria, no estoy muy puesto en los rangos de la milicia del Señor, pero las de la cabra son damas legionarias, eso seguro. Lo aprendí en Gran Hermano. Aún no ha habido legionarias de Cristo en Gran Hermano. Una lástima, por lo demás.

Así que todos sabíamos a qué íbamos. Para qué estábamos convocados. De las que ya no quedan. Los padres estaban contentos, todos muy festivos. Y, sin que nadie dijera (llega tarde, ¿no? claro, qué tonto, no me hagas caso, la novia siempre llega tarde) nada todos sabíamos que en todas las cabezas estaba el mismo pensamiento. El novio (está bastante guapo, ¿no? el traje le sienta bien a todo el mundo, es lo que decías antes), jadeando y rompiéndole el hímen. Casi se podía oler la escena.

Grandes dispendios, por todo lo alto. La propia familia les había reservado una suite para la noche de bodas. Cielos, ni siquiera podía cruzar por nuestras cabezas  la expresión "luna de miel" sin que nos preguntásemos (¿dónde van de viaje? caray, un crucero, dicen que se ven delfines junto al barco) de qué miel estamos hablando.

Se respiraba, como digo (qué día tan bonito, único en la vida, y que buenos los entremeses, ¿no?) la desfloración en el ambiente. Las damas de honor tenían la voz ronca, o puede que fueran imaginaciones mías. Seguro que también del sacerdote. Sa cerdote, qué gracia. Algún papa cachondo.

Era imposible, a pesar de las flores blancas, quizás por su causa, escapar a la idea de que sus padres estaban organizando un festín para que todos pudiéramos celebrar la (míralos los pobres, cuánto trabajo dan las bodas, siempre falla algo en el último momento) desvirgación de su hija. Eso sí es un sacrificio ¿eh? Bien adentro, (vaya, no puedo más, el postre es demasiado) ¿habrá sangre? nos preguntábamos todos. A la antigua usanza.

El novio muy contento, claro. Él no era virgen, también lo (míralos qué contentos, pues se defienden con los bailes de salón, no es nada fácil) sabíamos todos allí. Pero eso es lo de menos. No era tan tonto como para no darse cuenta de que no teníamos otra cosa en la cabeza que (ja, míralos van un poco achispados, se les perdona) que era el que tenía el beneplácito, el que recibía a la hija de brazos de su padre para (mira la viejita borracha, está graciosa hablando con los niños) clavársela hasta donde pudiera el buen muchacho. Hasta el padre se los imaginaba.

Nos despedimos con dos besos. Risitas nerviosas. Nunca había visto una fiesta en la que hubiera tanto sexo por todas las cabezas como aquella.

Se lo montan bien estos Legionarios.

Recursos Humanos (El juego)

Por Gran Pitufo - 15 de Julio, 2006, 21:42, Categoría: mundo

Todo esto de aquí abajo tiene que ver con un juego que se propuso en http://eccehomoblog.blogspot.com

La idea es escribir o hacer un lo que sea que tenga como núcleo temático estas dos palabras: marioneta y sacrificio. Pese a ser incapaz de escribir nada que tenga algo parecido a un núcleo temático, éste es el resultado:



Recursos humanos

Cita ambiental

"Os lo digo, infelices, jodidos de la vida, vencidos, desollados, siempre empapados de sudor; os lo advierto: cuando los grandes de este mundo empiezan a amaros es porque van a convertiros en carne de cañón."

-Louis Ferdinand Céline

Preliminares

Estaban todos los simios escarbando entre las raíces, buscando algo que llevarse a la boca cuando de repente uno se convirtió en humano. Como no hubo luces blancas cegadoras, ni los cielos cantaron, ni aquel bicho -para qué nos vamos a engañar- era ninguna lumbrera, nadie -ni siquiera el humano- se dio cuenta del cambio.

Tampoco era fácil. Pero si hubiera estado más atento, cuando en su vejez se detuvo a preguntarse qué le hizo diferente al resto habría podido recordar como súbitamente concibió un nuevo concepto. El concepto de recurso. Con esta herramienta todos los problemas se reducen a gestionar los recursos disponibles, ya sean los ingredientes de un cocido, máquinas pesadas u otras personas. Para conseguir los objetivos a veces hay que combinar algunos  recursos y a veces sacrificar otros; ésa es la idea.


Natalia

Natalia nació en un pueblo de Cuenca. Cuando creció un poco le pareció que había tenido mala suerte. Aquello no le gustaba nada. A poco que tengas una cierta inclinación por la vida privada, la existencia en los pueblos te puede parecer miserable y mezquina, y eso es lo que le pasaba a la joven Natalia. La vida de sus vecinos -que no podía evitar conocer- le repugnaba casi tanto como lo que preveía que sería su vida futura.

Cuando tenía quince los vecinos la descubrieron junto a unos matorrales con la cabeza de un muchacho entre sus piernas. En el pueblo se recuerda todo de todos. Cargas con todas tus decisiones durante toda tu vida. Lo aprendió bien pronto.

Por suerte -pensó- le quedaban muchas decisiones. Así que tomó la determinación de marcharse a Madrid en cuanto pudiera.
Pero mientras tanto aprendió a hacer lo que se esperaba de ella. A llevar zapatos aunque prefiriese ir descalza. A decir siempre que sí. Cuando aprendes a pensar con la cabeza de otro es cuando puedes estar seguro que no se va a disgustar. Así que al principio asentía y sonreía aunque tuviera ganas de cagar sus tripas. Con el tiempo ni siquiera le molestaba. Una chica adorable. Buena estudiante. Una marioneta.

A principios de un mes de septiembre se marchó a la ciudad, cantando. Le pareción que el camino más seguro para no tener que volver era estudiar una ingeniería, y eso hizo. Sólo se acuerdan de su marcha los hombres del pueblo, la verdad es que estaba bien buena.

César

Para cuando Natalia entró en SDL César ya hacía tres años que trabajaba allí. Era un ingeniero de la nueva hornada. Despreciaba a la generación anterior porque les gustaba su trabajo y fuera del trabajo le ponían un GPS a la GameBoy. Él había elegido la ingeniería porque quería llegar lejos, pero en realidad se consideraba un follador, en el sentido amplio, si es que hay más de uno. Quería comerse el mundo,
cantaban sus amigos. Para él todas las cosas eran recursos. Ya se sabe: combinar unos, sacrificar otros, lograr el objetivo.

Se pasaba el día palpándose los dorsales. Estaba muy orgulloso de su trabajo en el gimnasio, de sus brazos poderosos y su cuello grandioso, que sus compañeros despreciaban. Los jefes eran otra cosa, quedaban impresionados del joven ingeniero vigoroso. ¡y qué brazos tiene! Le preferían sin duda. Aunque no tuviera ni puta idea.

Se ganó a Natalia en seguida. Le enseñó como iba todo, le ceía el pasoa ante las puertas, le pedía ayuda en cosas fáciles para que se sintiera útil, le dejaba ganar en el futbolín de la cantina. Ella se sonrojaba y hacía lo que se esperaba de ella. Le gustaba pensar con la cabeza de César.

Sólo pasó un mes hasta que se la tiró. Dos hasta que ella accedió a ofrecerle el culo. Una buena relación.

Resolución

Como tenía unos pechos bien turgentes, al año de trabajar en SDL ascendieron a Natalia al departamento comercial. Hablar de los productos, convencer a los clientes, viajar. Un recurso humano que siempre hacía bien lo que le pedías. Sonreía amable y pensaba con la cabeza de los clientes mientras les miraba a los ojos. Un buen par de tetas. ¡Las ventas mejoraron mucho! Hay cosas que nunca cambian.

El jefe de comercial cada vez estaba más contento con ella. Tan contento que, un día, tras celebrar una venta, llamó a la puerta de su habitación del  hotel y acabó violándola con la cara apretada contra la moqueta.

A César también le iba bien en el trabajo. Estaban a punto de hacerle mánager. No tenía ni puta idea, pero no importaba, los jefes tampoco, y a los demás ingenieros no había quién les entendiese. Al menos César se regía por las mismas pasiones y objetivos que los humanos normales. Era un buen recurso.

Seguramente por eso, cuando Natalia le contó temblando como la habían forzado, en lugar de consolarla se enfadó con su mala suerte. Ahora que estaba a punto de lograrlo llegaba esto. ¡qué gran putada!

Estaba furiosa. No había manera de que lo olvidase y lo dejase correr. Estaba desconocida. ¡Empeñada en pensar con su propia cabeza! No se dejaba convencer. Quería denunciar a su jefe ¡quería que le reventase la piel, que la tierra tragase su sangre! ¡Acabar con todo!
César apretaba los dientes,  los músculos en tensión. No había forma de tranquilizarla. Quería justicia. Cuanto antes. Ir al juzgado o sacarle los ojos con las uñas. No quería esperar, no quería hablarlo.  No entraba en razón. César veía como el problema se le iba de las manos. La sangre bañaba sus músculos.

Necesitaba coger algo con fuerza. Su cabeza. La tiró al suelo. Su pelo arrancado se le quedó enredado en el puño. Empezó a darle patadas en la cabeza. Natalia gemía. Al principio trató de protegerse. Siguió dándole patadas hasta que todo quedó en silencio.

Sólo permaneció el resuello de César.

De repente, como pasan todas las cosas, se acordó de una
cancioncilla y, sin poder evitarlo, se le escapó la risa.

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